Audubon de Venezuela

40 años de Audubon de Venezuela

Discurso de Orden por 40 años de Audubon de Venezuela

Por Clemencia Rodner

Asamblea de Miembros, abril 2010

 

Hola todos, amigos de muchos o pocos años, apreciados todos por igual, Audubonianos…

Celebramos hoy los 40 años de esta institución única y maravillosa que es la Sociedad Conservacionista Audubon de Venezuela, y la Junta Directiva, a quienes les agradezco de corazón el honor que me han hecho, me escogieron para que diera lo que, según nuestro Presi Alberto, debería ser un “discurso de orden”.

Bueno, yo no recuerdo si he dado otro discurso de orden en mi vida, así que la tarea, en un primer momento, me pareció escalofriante, especialmente por los particulares rasgos de mi carácter, en cuyo caso, el mío debería ser un discurso de desorden y no lo otro.

Pero Alberto pasó rápidamente a resumir lo que quería la Junta. “Cuéntanos el cuento de la Audubon”, dijo, “el cuento de cómo se fundó y quiénes y cuándo, etc.”.

“Aaah”, me dije, “eso sí lo puedo hacer yo, más o menos”.

Así que luego de una fructífera reunión con Alberto Espinosa, Mauricio Zanoletti y Roberto Carletti, y también con valiosísimos aportes de queridos compañeros de mi viaje Auduboniano, como Soliria Menegatti, Miguel Lentino y Jimmy Ross-Jones, aquí estoy con el cuento de la Audubon.

Había pedido a Alberto que recolectara, entre los chivos pesados y no tan pesados del Corpus Fotografiae Audubonensis, o sea, de los foto-maníacos de SCAV, un montón de buenas fotos de pájaros, porque un discurso de la Audubon sin fotos de pájaros, no es discurso de Audubon. Tan simple como eso.

Sin embargo, me indican que el plan es pasar las fotos al final. El énfasis será, espero, en fotos de endémicos, que han sido siempre tema principalísimo de nuestra Sociedad, así que, por favor, interrumpan cada vez que quieran, porque, a decir verdad, lo primero son los pájaros, y estamos aquí para hablar de lo que hemos hecho por ellos, y aun cuando esto es una asamblea serísima, no hay nada que pueda ganarle a una buena discusión sobre aves. Conversar de pajaritos mata todo.

Acabo de decirles que “lo primero son los pájaros”, y en el cuento de la Sociedad Conservacionista Audubon de Venezuela, eso siempre fue así: lo primero fueron siempre los pájaros.

La Sociedad la fundó un grupo de gente interesada en la naturaleza, que comenzó a reunirse de una manera informal, por allá por los últimos años de la década de los sesenta. Salían de excursión los fines de semana a conocer distintos sitios, y la principal actividad era, por supuesto, ver pájaros.

Era un grupo variopinto, en donde había un fuerte componente musiú. Allí estaban, entre otros, nuestra queridísima Mary Lou Goodwin, a quien todos ustedes conocen; Betsy Trent Thomas, que fue nuestra primera presidente, excelente ornitólogo, con publicaciones en el mismísimo journal Auk sobre sus estudios de las cigüeñas y algunos atrapamoscas de Masaguaral, y que fue quien comenzó con los cursos de observación e identificación de aves que después siguieron Mary Lou, Miguel Lentino, Marieta Hernández y Pierre Perret; estaban los Lawries, Glenny Kalen, y Agatha Ecstein, que fue nuestra tesorera y contadora-voluntaria por muchos años, al igual que lo fue después Juan Vega… Pero junto con ellos estaban también algunos venezolanos, como Tomas Blohm, que fue presidente varias veces, Stelio Carrasquel, quien también fue presidente posteriormente, y otro miembro fiel y excelente de SCAV llamado Nicolás Jove.

Poco a poco, el grupo decidió consolidar su interés por la naturaleza, conformando una institución. Betsy Thomas y los Lawries habían sido miembros de la Audubon de la Florida, y propusieron que se conversara con esa organización, que a la fecha tenía ya muchísimos años de fundada, y muchos miembros. La propuesta fue fundarnos como una especie de sucursal de la Audubon de la Florida. Las conversaciones tuvieron un instantáneo resultado positivo, ya que la Audubon de la Florida dijo que sí.

Quiero en este momento hacer un aparte en el cuento, para explicarles un poco el cuento de Audubon de los EEUU, que es pertinente aquí. La Audubon de USA fue fundada por unas aristocráticas damas bostonianas que estaban espantadas con la matanza de pájaros que significaba la moda de las plumas en los sombreros femeninos. Como dato curioso les cuento que la Royal Society for the Protection of Birds, que es la más grande y famosa institución de conservación de la Gran Bretaña y una de las más grandes del mundo, se fundó exactamente de la misma manera y por las mismas razones.

O sea, que esas augustas organizaciones se crearon, en un principio, para luchar por nuestras garzas. Qué curioso, ¿verdad?

Bueno, eso ocurrió todo a mediados del siglo XIX. Para el momento en que comenzamos a existir nosotros, se habían fundado varias sociedades Audubon en distintos estados de la Unión, que competían entre sí: las más grandes eran la de Massachusetts (o sea Boston), la de New Jersey y la de Florida.  Y la competencia era por ver cuál lograba impulsar la creación de nuevas Audubones en otras partes, para anexarlas como especies de sucursales. Era como coleccionar barajitas: la que tuviera más, ganaba. La de Boston había logrado impulsar la creación de la Asa Wright Society en Trinidad, y se ufanaba mucho por ello, así que se imaginaran que cuando llegamos nosotros a casa de los de la Florida, bueno, les caímos como pedrada en ojo de boticario – imposible más oportunos.

Según entiendo, porque yo no había llegado a SCAV todavía, todo eso ocurrió a finales de los sesenta, y en 1970, la SCAV comienza a funcionar como sucursal de la Audubon de Florida. Hasta allí llega la parte linda de este cuento, porque resulta que ser miembros de la Audubon de Florida no nos traía ningún beneficio, porque no nos ayudaban en nada, pero si nos causaba un gran perjuicio. Imagínense ustedes que las cuotas de miembros había que enviarlas directo a la Audubon de Florida, y ellos se quedaban con el 30%. Así no más. Sin aviso y sin protesto. A cambio de ese 30%, ¿qué recibíamos nosotros? Pues nada más y nada menos que… ¡¡¡Ta raaa!!! La GLORIA de ser miembros de Florida Audubon.

Total, que los miembros de nuestra Audubon de aquí, no tardaron mucho en darse cuenta de que la cosa no podía ni debía ser así. Fue entonces cuando, con mucha diplomacia, alguien, que creo que fue Stelio Carrasquel, fue enviado como emisario a una gran reunión que había de la Audubon de Florida, a que explicara que nosotros nos queríamos divorciar, ¡ooops!, independizar, digo, y a declarar sin tapujos las razones que nos movían a ello. Todo fue aceptado con mucha cortesía y partimos caminos sin conflicto ninguno.  Sin embargo, esa fue la última vez que supimos de ellos – nunca más se volvieron a comunicar con nosotros, ni ellos, ni ninguna de las otras Sociedades Audubon de los EEUU.

Lo más curioso es que eso mismo, exactamente, le pasó a la Audubon de Panamá. La historia del comienzo de ellos es idéntica a la nuestra.

Una vez rotos los lazos con la Audubon de Florida, los de aquí se dedicaron a crear una institución netamente venezolana. Escribieron los primeros estatutos, y en 1973, la SCAV se registró legalmente como asociación civil sin fines de lucro.

Y comenzó a crecer en miembros y actividades. Comenzaron a aparecer algunas personas notables, como el Dr. Eugenio De Bellard, que fue miembro hasta su muerte; Mario Gabaldón, pionero en la creación de los parques nacionales de Venezuela, que también fue miembro por años, y que nos ayudó siempre con permisos y otras cosas; Eloy Boulton y José Luis Mateo, ambos presidentes en varias oportunidades, y que han sido miembros desde siempre, y que han guiado infinidad de excursiones, y que fueron, en un momento dado, los que emprendieron el largo, tedioso y complicado camino de nuestro primer cambio de estatutos, a principios de los ochenta.

En todos estos años de la SCAV, ya son montones los miembros que han pasado por las muchas y diversas Juntas Directivas, y muchos más aún los que han contribuido al crecimiento de la SCAV, a la culminación y éxito de sus proyectos, al logro de sus publicaciones, a obtener donaciones, al trabajo de oficina, a guiar y organizar excursiones, hasta a conseguir oficinas y mudarnos de oficina las pocas veces que lo hemos hecho. En este punto, debo recordar a Ricardo París, que fue quien nos dio, porque en ese momento esa parte del Paseo Las Mercedes era propiedad suya, el local que tuvimos por muchos años en ese centro comercial, y que en los planos de arquitectura figuraba como un depósito de basura, pero a nosotros no nos importó, y nos instalamos en él y fuimos muy felices.

Allí funcionó, por años, nuestra tienda, que nos dio montones de ingresos y llegó a tener muy buena reputación. La tienda terminó cerrándose hacia finales de los noventa. Había problemas con mantener un empleado; los libros se habían puesto carísimos; teníamos la oficina de proyectos en el Edificio Matisco… En fin, la Junta Directiva de aquel momento decidió que mantener dos locales era verdaderamente un lío. Rematamos lo que quedaba de mercancía y entregamos el local. Pero desde esta distancia en el tiempo, yo estoy convencida de que lo que verdaderamente ocurrió con la tienda, es que para ese momento, la tienda había perdido a Glenny Kalen, que luego de un asalto aterrador en su casa de Prados del Este, se había mudado de un todo a su casa de EEUU. Para la tienda, Glenny fue siempre su principal voluntario – campeón.

Y es que en la SCAV, cada cosa que se ha hecho, que ha prosperado, se ha logrado porque de entre los miembros surgió un campeón, un voluntario enamorado de la idea, del proyecto, del programa, que lo tomó como suyo y lo echó a andar.

Y, claro está, una institución organizada de esa manera, en base a las pasiones de sus miembros, no puede tener otra apariencia externa que no sea la de una cosa extraña, levemente chiflada o quizás incoherente… Aun así, la SCAV siempre ha sido la mejor y más sensata, la más auténtica de todas las organizaciones ambientales de nuestro país. Y esta es mi lista de los porqués de esa bondad de la Audubon:

Primero, porque siempre hemos actuado con absoluta fidelidad a nuestros principios.

Segundo, porque no engañamos - la SCAV nunca ha dicho nada públicamente que no haya investigado y corroborado a fondo.

Tercero, porque cumplimos la palabra entregada – si la SCAV ofrece algo, lo cumple, si dice que va a acompañar a otras organizaciones en algo, no se echa para atrás a última hora y deja a las demás guindando.

Además, la SCAV no traiciona, ni calumnia, ni mete zancadillas; no se copia los proyectos ni las declaraciones de otras organizaciones; nunca se ocupa de lo que están haciendo las otras sino de lo que le toca hacer a ella.

Siempre hemos mantenido nuestra independencia de criterio. En otras palabras, no nos hemos dejado llevar por la corriente de la mayoría en el momento. Con cosas, por ejemplo, como la actitud frente a las empresas privadas: nunca hemos tomado la actitud infantil de creer que las empresas son el malo de la película, que es la actitud de casi todas las demás organizaciones conservacionistas. Con la industria petrolera, por citar un caso, hemos preferido conversar y recomendar, a atacar públicamente, como ha hecho la mayoría.

Hay que recordar que la Audubon fue, por muchísimos años, la principal y más respetada voz en defensa de las áreas protegidas, la biodiversidad, y otros temas de conservación del ambiente que había en el país, y fue sólo a partir del 2000, con la desaparición de una autoridad que pudiera ser interlocutor, lo que llevó a la Sociedad a cerrar el capítulo del activismo en materia de políticas ambientales.

También es importante recordar que todo el trabajo de activismo, todo lo que era la organización y guiatura de las excursiones, los cursos, la publicación del boletín, materialmente todo lo que hacía la Audubon, fue obra durante años y años de los miembros voluntarios, y que solo fue a partir de fines de los ochenta, que comenzamos a tener empleados a tiempo completo.

Entre estos, cabe destacar a Soliria Menegatti, cuyo entusiasmo y capacidad increíbles dieron origen a una cantidad de proyectos innovadores. Un ejemplo que es pertinente en este momento fue el programa que se le ocurrió a Soli un año en que hubo elecciones de alcaldes: citar a cada uno de los candidatos a que presentara su programa ambiental ante una audiencia. Y como teníamos un miembro en ese momento que era profesora en el IESA, los encuentros se hicieron en el auditorio de esa prestigiosa institución. Seguro que no los sorprendo si les digo que lo que allí vimos y oímos fue insólito, desde explicaciones relativamente inteligentes, hasta demostraciones de la más garrafal ignorancia. Quizás valdría la pena hacer algo así antes de las elecciones que vienen.

Otro empleado valiosísimo que tuvo la Audubon, aunque mayormente a tiempo parcial, fue Miguel Lentino. La SCAV y Miguel siempre han tenido una relación muy especial, y aun desde su cargo en la Colección Ornitológica Phelps, Miguel sigue siendo siempre parte de esta Sociedad. Lo primero que hizo Miguel para Audubon fue el Proyecto de Flamencos, que consistió en determinar el tamaño de la población e identificar los principales sitios de alimentación a lo largo de nuestra costa caribeña. También se determinaron los patrones de uso de los distintos sitios. Todo eso se hizo mediante conteos aéreos, para los cuales Miguel consiguió al piloto Rafael Amat, mientras Mary Lou reclutaba la colaboración de Frater Candidus en Bonaire, y de Bart De Boer en Curaçao. Estos dos personajes eran investigadores holandeses que trabajaban con los flamencos en las islas. Frater Candidus era hermano religioso, y estaba encargado del refugio de los flamencos en la salina de Bonaire. Bart, en cambio trabajaba para la agencia de conservación del ambiente del gobierno holandés en Curaçao. El día que Miguel sobrevolaba la costa en Venezuela, ellos contaban los flamencos que tenían en sus islas, y así no había duplicación en los números. El Proyecto de los Flamencos se llevó a cabo desde 1984 hasta 1990. Los resultados de ese proyecto tienen repercusiones aún hasta esta fecha, así que yo los convido a pedirle a Miguel una charla sobre todo lo que tiene que ver con los flamencos. Y no se olviden de invitarme a mí, porfi.

El otro proyecto maravilloso que le debemos a Miguel es el del anillado en Rancho Grande. No voy a extenderme mucho sobre lo que, hoy por hoy, ustedes conocen mejor que yo, pero sí quiero recordar aquí a tres personas, voluntarias todas, sin cuya participación los comienzos del programa del anillado hubiesen tenido unos resultados muchísimo más pobres. Primero y principal entre esas personas está Carola Portas, que acompañó a Miguel desde el primer día. A Carola le debemos el transporte, muchísimo del trabajo de campo, la transcripción de los datos y muchas veces hasta la comida de los primeros 5 o 6 años. Carola fue la más perfecta de las registradoras de datos, y la más cuidadosa de los anilladores y “handlers” de los pájaros. No ha habido, realmente, alguien mejor como asistente de campo. Las otras dos personas son Almira Hoogesteijn y Ramón Rivero, que se encargaron de las estaciones de anillado de Guamita y de El Limón, respectivamente, con enorme entusiasmo y una verdadera excelencia en la calidad del trabajo.

Otros empleados que realizaron trabajos extraordinarios fueron Anna Rita Bruni, Alejandro Luy y María Belén Morales. A ellos les debemos algunas de nuestras publicaciones, y una dedicación a la excelencia en su trabajo. Y hablando de publicaciones, que son y serán siempre nuestra mejor carta de presentación, no puedo dejar de lado las Listas de Aves de los Parques Nacionales, obra, de nuevo, de Miguel Lentino. Otro empleado notable fue Nicla Camerín, la mejor encargada de la tienda que tuvimos y una trabajadora incansable en el Comité de Activismo. Hemos sido afortunados.

Por cierto que al mencionar la Listas de Aves de los Parques Nacionales, no puedo menos que dejar una sugerencia a esta Junta Directiva y las que vengan más adelante, de continuar con ese proyecto. Sería maravilloso que la Audubon produjera listas para todos y cada uno de nuestros 43 PPNN, que por estos días parecen estar tan olvidados. Las listas servirían para crear conciencia entre el público.

Paso ahora a contarles un poquito de lo que han hecho los miembros voluntarios.

Ser miembro de Audubon es una adicción. Creo que ustedes todos lo saben: uno llega un poco tímido, viendo a ver que encuentra y como se bate el cobre en este lugar tan peculiar. Al principio, no entiende nada, pero a pesar de estar bastante convencido de que los demás miembros son un atajo de locos, uno comienza a ir a las excursiones y les encuentra su encanto.

Luego comienza uno a ver en qué ayuda. En parte, por curiosidad, ya que en las excursiones, los demás hablan de cosas que suenan interesantes, y en parte, por pasar un rato con los panas que ya ha ido haciendo.

En parte también, por hablar de esa nueva pasión que ha descubierto y que ahora se le ha desatado, llamada PÁJAROS, con otros que la compartan, ya que a uno todavía le da pena confesar su nuevo vicio pajaril a nadie que no sea otro adicto o iniciado.

De verdad que es muy cómico al principio, cuando uno entra a ser miembro de esta Sociedad. Pero el amor por la SCAV, ese no tiene nada de cómico, pero sí mucho de feliz; ese es un río profundo, que fluye para el resto de la vida de la mayoría de las personas que hemos pasado por la Audubon y nos hemos involucrado.

¿Qué han hecho entonces todos esos voluntarios en estos 40 años?

Lo primero que hicieron tiene más que ver con recreación que con otras cosas más serias. Y es que en la Audubon, se aprende divirtiéndose. Cada excursión es una lección, pero la Sociedad se ha ocupado igualmente de aportarles a sus miembros toda clase de cursos para desarrollar habilidades útiles al excursionista, como primeros auxilios, rappel, campismo, Botánica, Entomología, etc.

El aprendizaje en Audubon implica un intenso crecimiento de nuestro conocimiento del país y su geografía. Con la Audubon, uno llega a conocer rincones de Venezuela que ni siquiera soñaba que existían. A nosotros nos abren puertas que no están abiertas para ninguna otra organización. Los pajareros de SCAV fueron los que descubrieron muchos de los lugares que hoy en día son parada obligada para los observadores de aves.

Todo ese conocimiento, canalizado hábilmente por Mary Lou Goodwin, fue el que permitió a la SCAV convertirse en LA pionera en el turismo de observación de aves. Mary Lou creó todo un departamento dentro de la Sociedad que prestaba servicio a los turistas birdwatchers que venían del exterior. Se les diseñaba un itinerario según lo que deseaban ver, se les hacían las reservaciones necesarias, y se les conseguía el transporte.

La SCAV llegó a ganar más de $30.000 al año con ese negocio. Lamentablemente, al salir Mary Lou, el departamento se fue desmoronando poco a poco. Se presentaron factores tanto internos como externos, y cuando comenzaron los problemas serios de seguridad personal por todo el país, ya no quisimos arriesgarnos a que algún cliente nuestro le pasase algo. De nuevo, la pérdida del campeón acabó con el proyecto.

Hoy en día, casi no vienen turistas birdwatchers a Venezuela, pero si esa situación llegase a cambiar, la SCAV seguiría teniendo allí una posibilidad y un derecho, ya que fue la pionera en abrir las rutas de las aves de nuestro país.

Otra cosa que se desarrolló gracias a los voluntarios y a algunos empleados, es la ciencia aplicada a la conservación. Eso puede verse en proyectos como la defensa de Los Olivitos, el programa con los Pájaros Arroceros, y el cabildeo en pro de los PPNN.

En el aspecto de Activismo, la Sociedad tuvo, desde fines de los setenta y hasta principios de los noventa, un Comité de Activismo y un grupo muy dedicado de voluntarios que se ocupaban, principalmente, de recabar información para luego divulgarla través de los medios y al mismo tiempo, interactuar con las autoridades.

Lo más destacado que se hizo fue el caso de la Ciénaga de Los Olivitos, donde se impidió que un faraónico proyecto de una salina destruyera la totalidad del humedal. Posteriormente, nos llamaron, no solo para la creación de la Reserva de Fauna, sino para que participáramos en el estudio de impacto ambiental que se hizo para el segundo proyecto de salina, que fue el que terminó construyéndose. Estuvimos participando en el EIA desde los términos de referencia, y luego nos tocó defender el proyecto, que era realmente bueno, de unos cuantos ñángaras mal intencionados, que la emprendieron contra la compañía de la salina para chantajearla. En el caso de Los Olivitos se trabajó durante toda la década de los ochenta.

También está el caso del tendido eléctrico a Brasil, donde no se logró mucho, ya que el tendido se construyó de todas maneras, pero logramos ponerlo en evidencia, y colocarlo ante la opinión pública. En eso estuvimos trabajando desde el año 1997 hasta principios del 99, y lo más increíble es que todo lo que dijimos en ese momento, sigue siendo válido hoy en día. Mi querido colega Jimmy Ross-Jones, que fue el principal investigador en este caso, y que después me acompañó, junto con Juan Vega, en los años negros de principios de los 2000, no se equivocó cuando anunció, en una reunión en el IESA donde nos cayeron encima, que llegaría un momento cuando tendríamos gravísimos problemas de suministro de electricidad en el país. Los del IESA nos acusaron de alarmistas. Ji-ji-ji.

Así pues, el trabajo de activismo y cabildeo sirvió para educar a generaciones enteras de Audubonianos voluntarios en materia de legislación y políticas ambientales, y en líneas generales, sobre todos los asuntos relacionados con especies amenazadas y áreas protegidas.

No quiero dejar afuera el aspecto de Educación, donde los programas con las escuelas públicas han sido tan exitosos. Esa obra tiene dos nombres fundamentales – el de Soliria Menegatti, que los inició durante sus años en la SCAV, y el de Marietta Hernández, a quien tanto le debemos, no solo por su tesonera y entusiasta dedicación a estos programas educativos y a la consecución de fondos para ellos, sino por haber sido una presidenta extraordinaria, que tomó a la SCAV en uno de sus puntos más bajos y logró levantarla y rehacerla. Si Jimmy Ross-Jones y Juan Vega fueron los paramédicos que dieron a las SCAV los primeros auxilios para lograr sacarla del coma de los años negros, Marieta Hernández fue la terapista milagrosa que devolvió a la Sociedad a sus completas facultades.

Lo último que quiero mencionar como logros de la Audubon son sus publicaciones. El libro de los Mamíferos de Venezuela, el libro de los Humedales Costeros, las Listas de Chequeo de los PPNN, el Birding in Venezuela, y ahora el Manual de Anillado, constituyen referencias inigualadas y fundamentales en nuestro país, que hasta el día de hoy no se han ni siquiera igualado, y mucho menos sustituido. Podemos estar muy, pero muy orgullosos de todas ellas.

Bueno, ahora me toca terminar. Mil gracias por su paciencia. Espero no haber olvidado a nadie, y si lo hice, pido sinceras disculpas. Quiero cerrar asegurándoles que para esta servidora, sus años en Audubon se cuentan entre los más felices de una vida que ha sido inmensamente feliz y afortunada. Yo le debo a la SCAV una parte muy sustanciosa e importante de lo que yo soy. Una parte que considero que está entre lo mejor que he dado, pero más importante aún, entre los más grande y maravilloso que he recibido. Muchas gracias.

 

Como este es el cuento de la Audubon, no sé si tienen alguna pregunta…

 

 

 

 

 

 

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